lunes, 27 de octubre de 2014

LA YAKUZA.



Así se conoce al hampa nipona, una de las más antiguas y consolidadas del mundo. Su nombre parece que deriva de un antiguo juego de cartas que se practicaba en los bajos fondos. Sus orígenes se remontan al S. XVII tras la unificación japonesa. Los daimio (señores feudales) fueron perdiendo atribuciones e influencia al someterse a un poder cada vez más centralizado. Los samuráis; sus fieles y profesionales soldados, se fueron encontrando sin trabajo y tuvieron que ofrecerse como mercenarios o protectores de seguridad (ronin) a clanes y poblados para poder seguir subsistiendo. La formación cultural y profesional era guerrera, por lo que fueron incapaces en una gran parte de adaptarse a los cambios sociales y ejercer nuevas profesiones. Al verse expulsados de su profesión y de la posición de privilegio que ocupaban, se convirtieron en los candidatos ideales para dedicarse a las actividades delictivas y comenzaron a formar parte de la élite del hampa. Cuando Japón se abrió al exterior en el S. XIX llegaron el dinero y las costumbres foráneas y nuevos negocios en los que promocionarse. En este nuevo contexto, los viejos ronin; que ya se habían convertido en yakuza, eran los mejor situados para hacerse con el control de todas las nuevas actividades que se empezaban a desarrollar al margen de la ley.





Así, durante las últimas décadas del S.XIX y las primeras del S.XX, ya los encontramos controlando el juego, el contrabando, las apuestas, la prostitución y el tráfico de opio. Su actividad creció al mismo ritmo vertiginoso de la economía japonesa y, aunque los jefes de los clanes seguían siendo descendientes de los antiguos ronin, sus bases se fueron ampliando con delincuentes comunes. saltaron pronto a la política conectando con los sectores más derechistas y belicistas de la sociedad japonesa, introduciéndose así en negocios legales y de gran envergadura como el comercio portuario y la construcción, que les facilitaba el blanqueo de dinero y el contrabando. En la actualidad tienen cierta presencia en la costa Oeste de U.S.A y para mantener el respaldo popular no han dudado en volcarse en ayudas a los damnificados en los últimos terremotos y tsunamis ocurridos en Japón. A veces, la disputa por el control de los negocios ha llevado en ocasiones a enfrentamientos sangrientos entre los distintos clanes de la yakuza.



Como toda organización cerrada y clandestina, necesita de una fuerte cohesión interna y la ha obtenido mediante la reproducción de los rituales y códigos de las conductas de los samuráis, basados en la fidelidad al jefe del clan hasta la muerte. También precisan de unos signos visibles que permitan a sus miembros identificarse y demostrar su autoridad y prestigio ante otros grupos del hampa nipona. El negro es su color predilecto y lo exhiben tanto en su indumentaria como en sus vehículos y negocios. Frecuentemente ostentan distintivos nacionalistas japoneses, con los que su mentalidad tradicional cuadra perfectamente.




Más llamativas y famosas son otras dos señas de identidad: los tatuajes y las amputaciones de los dedos. Los primeros representan los signos distintivos de cada clan; obviamente de inspiración samurái, representando generalmente la jerarquía o los méritos de cada miembro de la organización. Al principio son pequeños y discretos, para hacerse con el tiempo cada vez más grandes. No están a la vista, sino en la espalda y en el pecho, por lo que sólo suelen verse en playas o baños públicos. Como es evidente su significado, su visión despierta sentimientos de rechazo y miedo, lo que ha llevado a que su exhibición sea prohibida en ciertos lugares, pero no se puede entender la yakuza sin sus tatuajes. A principios del S. XVIII se marcaba con ellos a los delincuentes y aunque era un estigma de repudio social se afianzaban lazos solidarios ya que permitían reconocerse entre ellos, facilitando así la formación de bandas criminales. En los inicios del S. XX estuvieron prohibidos, pero su importancia simbólica hizo que perviviesen como seña de orgullosa identidad, hasta que después de la II Guerra Mundial volvieron de nuevo a estar permitidos.




El segundo signo de identidad es la amputación de dedos a la altura de la segunda falange, generalmente el meñique; aunque pueden ser varios. Este es el castigo ritual ante un acto de deslealtad o de simple desobediencia. Ellos mismos han de mutilarse y entregar el dedo a su superior, quedando
automaticamente expulsados de la organización. Ante una traición mayor se les invitaba al suicidio y si no lo hacían, ya se encargaban ellos de hacerlos pasar a mejor vida. También estos intentaron instalar sus turbios negocios en el antro, pero desistieron cuando Lorenzo, el zombi loco, se dedicó a elaborar perritos calientes con sus dedos.










Yakuza(1974), la primera película que se rodó sobre el tema. Una obra maestra con guión de Paul Schraeder y dirigida por Sydney Pollack. Interpretada por Robert Mitchum y Takakura Ken (gran maestro de Iaido). La mejor que he visto sobre el tema y mira que se han rodado muchas después.

Organigrama de la organización.



































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