jueves, 23 de octubre de 2014

La Bestia de Gévaudan.





La historia más sorprendente de "lobos antropófagos, hombres lobos o loup garou" sucedió durante el Siglo de las Luces, veinticinco años antes de la revolución que iba a cambiar el devenir del mundo. Nadie supo por dónde vino, pero un extaño ser se estableció en los alrededores de Gévaudan, una región montañosa de duro clima en el departamento de Lózere, al Sur de la Auvernia, entre el alto Loira y el Cantal. Una meseta cubierta de bosques y landas a más de mil metros de altitud, dominada por cerros de 1.500 mt. de altura, allí el invierno comienza en noviembre y dura hasta mayo. Era un país pobre y mal integrado en el reino, que se fue despoblando desde la Edad Media, una región de hugonotes obligados a adjurar. Los hechos comenzaron en junio de 1764, cuando una pastora de Langogne fue atacada por la fiera. Los perros que la acompañaban huyeron despavoridos, pero las valientes vacas que ella custodiaba la defendieron a cornadas y logró así salvar la vida. La primera víctima mortal se produjo el 30 de junio y se trataba de otra pastora de Saint-Etienne-de-Lugadarés. Los ataques se sucedieron en los bosques, los campos y los pastos de montaña. Un muchacho de Chaylard-Levesque y una joven de Puy-Laurent fueron devorados en agosto. En septiembre el monstruo mató a una mujer y un chiquillo, el horror había comenzado. Durante el otoño, debido al mal tiempo y la escasez de presas, los ataques se multiplicaron y el número de víctimas aumentó inexorablemente. Los cuerpos estaban tan terriblemente mutilados que sólo se les podía reconocer por los jirones de ropa. La fiera sólo se comía las entrañas y el cuero cabelludo, bebiéndose también la sangre de sus víctimas, otros decían que devoraba corazón y pulmones. Los pobres campesinos presa del pánico no podían abandonar los pastos y campos so pena de perecer de hambre. Se armaron como pudieron fabricando picas y atando sus cuchillos a varas de madera y siguieron saliendo a trabajar.
 El horrible asunto saltó a la luz pública el 15 de noviembre de 1764, cuando el Correo de Avigñon informó de un extraño animal que sembraba el terror en Gévaudan. El 23 de noviembre el principal periódico francés, la Gazette de France, propagó la noticia :

"Una bestia feroz ha devorado ya a una veintena de personas, sobre todo niños y jovencitas...Sólo hace ocho días que ha podido ser vista de cerca. Sus patas están armadas de garras. Tiene el pelaje rojizo, la cabeza muy gruesa, larga y terminada en un hocico de lebrel, las orejas pequeñas y rectas como cuernos, un pecho ancho y grisáceo, el lomo listado de negro, una boca enorme con unos dientes tan afilados que ha cortado varias cabezas como podría hacerlo una navaja de afeitar. Tiene el paso bastante lento y corre a saltos, pero cuando lo hace tiene una agilidad sorprendente. En un intervalo de tiempo cortísimo se le ve a dos o tres leguas de distancia. Se aproxima a su presa arrastrándose y en estos momentos su tamaño no parece superar el de un zorro. A tres o cuatro metros de distancia se alza sobre sus patas traseras y se lanza sobre su presa, a la que aferra siempre por el cuello, por la nuca o por el costado. Sin embargo teme a los bueyes, que lo ponen en fuga".

Una segunda descripción afirmaba que era casi tan grande como una vaca, con una enorme cabeza, un rojizo hocico largo y puntiagudo, pelaje gris claro con el pecho blanco y una raya negra a lo largo del lomo y garras afiladas como navajas.
No sabemos si el golilla de turno y los testigos le habían echado mucha imaginación a la descripción o si se trataba de una especie verdaderamente desconocida. Imaginaria o real, cuando la noticia se publicó en la Gazzette se convirtió en un asunto de índole nacional. Los científicos discutían en sus tertulias: ¿ Una hiena, un enorme mono, un oso, un híbrido, un gran lobo llegado de los Alpes....?. Al final se decidieron por la opción más fácil: "Es un animal desconocido".
Dragón francés de la época.
Los nobles, "los garantes defensores de la sociedad" según el rígido escalafón del Antiguo Régimen, tomaron cartas en el asunto. El conde de Morangiés, el marqués de Apcher y monseñor de la Chaumette iniciaron su particular cacería. Comenzaron a llegar caballeros de toda Francia y de diversos países europeos atraidos por tan novedosa presa. Soltaron sus monteros y jaurías que cazaron gran cantidad de lobos, pero el monstruo no estaba entre ellos. Los campesinos siguieron sufriendo sus ataques y pidieron que se les repartieran fusiles. En noviembre la durmiente monarquía se decidió a actuar porque las andanzas de la criatura la ridiculizaban frente a sus enemigos ingleses y prusianos. Un tabloide londinense anunció jocosamente que una tropa de 120.000 franceses habían sido incapaces de derrotar a la fiera. Se enviaron cuatro compañías de un regimiento de dragones al mando del capitán Hamel y se instalaron en Saint-Chély-d'Apcher. Los campesinos colaboraron en las batidas y los Estados Generales de Languedoc, el obispo de Mende y Versalles, prometieron 10.000 libras a quién abatiera a la bestia. Pero el monstruo se había desvanecido hasta que reapareció de forma sangrienta a finales de mes. Después una breve ausencia hasta el 23 de diciembre, fecha en que fue rodeada por los dragones pero sorprendentemente logró zafarse y escapar.
Las muertes continuaron y el 21 de enero se produjo un encuentro épico y memorable. La bestia atacó a un grupo de cinco niños y dos niñas, todos menores de doce años y que guardaban un rebaño. Armados con sus improvisadas picas combatieron desesperadamente y lograron rechazar a la fiera a costa de una mejilla y un labio perdidos. Como muestra de su valor, el mismo rey les concedió una pensión de 2.100 libras.


En febrero las batidas movilizaron a 20.000 campesinos de 73 parroquias, a la nobleza local y al regimiento de dragones. La población civil vivía atemorizada, el siniestro ser parecía estar dotado de poderes sobrenaturales y atacó la misma noche en puntos distantes de 12 leguas, su velocidad, su fuerza, eran superiores a las de todos los animales conocidos. Los aldeanos no se atrevían a entrar en los bosques para conseguir leña y los pastores tenían miedo a sacar su ganado a pastar. Una joven se negó a ir a ordeñar las vacas, sus padres la obligaron y la fiera la devoró. Se temió que estallara un motín contra las incompetentes e inoperantes autoridades que cobraban diezmos y tasas, pero que no lograban asegurar la seguridad del tercer estado. No sólo pesaban directamente las muertes por la bestia; también las causadas por el abandono de las tierras agrícolas y la pérdida de cosechas por las batidas. En Versalles el ministro Saint Florentin destituyó a Hamel y llamó a un aristócrata normando, el señor de Enneval, montero mayor del rey que se jactaba de haber matado 1.270 lobos.

Se instaló con su hijo y sus hombres en Malzieu y podemos seguir su actuación a través de las cartas que envió regularmente a Fontaine, responsable de ríos y bosques de Alençon. Através de ellas sabemos que Enneval creía que se enfrentaba a un lobo de gran tamaño o quizá con una manada entera que se había acostumbrado a la carne humana. El 4 de abril la batida divisó al ser, que logró evitar la acometida de la jauría. El día 21 hubo un nuevo avistamiento, pero la fiera eludió el contacto y las expediciones del 22 y del 30 no tuvieron ningún resultado. Sin embargo, el extraño animal estuvo más activo que nunca y no pasó una semana sin dejar de atacar a una o dos personas, inclusive el mismo día. Se produjeron situaciones de verdadero histerismo cuando se obligó a los parientes de las víctimas a dejar los cadáveres sin enterrar; llenos de arsénico como señuelo, pero a la bestia sólo le gustaba la carne fresca.





La desesperación y el terror habían conseguido que se olvidará el respeto hacia los muertos y las normas religiosas. Los supervivientes susurraban sobre un animal que hablaba, que se mostraba alegre "fingiendo no tener maldad", que hacía muecas, visitaba los hogares de sus próximas víctimas y que asistía mirando por las ventanas a los lloros y sollozos de los familiares de sus presas. El 1 de mayo parece ser que un exceso de confianza perdió a la fiera. Se aproximó al Castillo de la Chomette donde acechaba Martel, señor de la propiedad. Lo descubrió sentado sobre sus cuartos traseros vigilando a un joven vaquero que conducía unas reses y junto a su hermano cura tomaron dos fusiles y fueron a por él. Ambos eran buenos tiradores y al verlos, el cuadrúpedo huyó al paso, sin miedo. El sacerdote le disparó una descarga con tres balas a 52 pasos pasos de distancia y la fiera dio un traspié. Martel disparó a su vez y el animal cayó, pero se levantó y escapó renqueante. Los campesinos asustados siguieron su rastro de sangre pero lo perdieron entre el granizo, la ventisca y la nieve. Los Enneval lo buscaron durante todo el día y mataron una loba preñada, no era lo que buscaban. El 6 de mayo se produjo un nuevo encuentro. La Fayrtte, un noble de Auvernia, vió y abatió de un disparo a un lobo. La jauría le atacó para acabar con él, pero la fiera se revolvió y escapó. A finales de mes fue visto otra vez y herido de nuevo. Enneval empezaba a dudar de que realmente fuera un lobo, llevaba toda la vida cazándolos y a lo que se enfrentaba ahora parecía algo totalmente distinto. Tenía el suficiente acopió de plomo en su interior como para haber muerto varias veces. El tenaz noble cambió de estrategias, restringió su territorio de caza rodeando parte de la región, abandonó las grandes batidas que lo espantaban en favor de pequeños grupos escogidos pero no hubo ningún resultado.





Enseguida surguieron los arribistas y las quejas. El subdelegado Lafont reclamó el mando de un regimiento de infantería cuyo generalato quería para él. El conde de Morangiés pidió que se formara una milicia armada con los campesinos de la región y esto hizo a Versalles destituir a Enneval. Su sucesor llegó en junio, se trataba del arcabucero mayor del rey, Antoine de Beauterne, que se instaló con su séquito de emperifollados acompañantes en el Castillo de Besset. Recibierón el apoyo de los ojeadores y jaurías del conde de Tournon y durante los tres meses de verano se sucedieron las monterías en vano, el mounstro siguió matando. De sus víctimas sólo se salvó Marie Jean Vallet, una criada de 20 años que tuvo los redaños de defenderse con un cuchillo atado a un asta y logró herirlo; al parecer de muerte. Durante unas semanas los ataques cesaron, pero la bestia se recuperó y renaudó su macabra actividad.
¡Por fin la gran noticia!. El monstruo había muerto. Lo abatieron el conde de Tournon y Rainchart, sobrino de Beauterne, en las afueras de Saint-Flour. El conde se presentó jocoso con la pata del animal adornando su sombrero, pero los restos del animal eran los de un lobo normal y la fiera siguió matando.





La ira y la rabia del campesinado era cada vez mayor, exasperados y astiados por la actitud de suficiencia de unos perfumados cortesanos que nada solucionaban. Llegó pronto el duro invierno y ¿quién entraría en el bosque por leña?. Beauterne se encontraba superado por los acontecimientos y pidió ayuda a Versalles, quería caballería y más perros. El 18 de septiembre ya se aproximaba el gélido invierno y los cazadores recibieron la ayuda de 12 enormes perros lobos y la plebe rumoreaba que los aristócratas no querían sufrir el duro invierno de la región. El 21 se difundió la buena nueva: ¡el mismo Beauterne había matado al lobo!. A tres leguas de Beset el grupo que mandaba se topó con él en un sendero, el arcabucero mayor le largó "una descarga de cinco cartuchos de pólvora, 35 postas para lobos y una bala de calibre", fue herido en un ojo y Rainchart lo remató. Se envió el cuerpo del enorme lobo a la Corte, parecía que todo volvía a la normalidad.




Sin embargo algunos desconfiaron. Decían que el lugar donde lo habían matado no estaba a tres leguas de Besset, sino a doce horas de difícil viaje. Además, ¿qué hacía el inteligente mounstro parado en un sendero delante de un grupo de jinetes? ¿no les olió, no les oyó, no les vio venir? ¿no era mucha casualidad que el mismo Beauterne se cobrase la pieza?. Y para finalizar, ¿cómo es posible que un arma tan pesadamente cargada no explotase al disparar?. La autopsia del cadáver realizada en París sólo mostró a un gran lobo de 130 libras, viejo y desdentado. Además, parece ser que el animal abatido no fue uno, sino una pareja. ¿No era el monstruo un depredador solitario?.
Los habitantes de Gévaudan desconfiaban del final de la pesadilla, pero oficialmente la bestia estaba muerta y los periódicos no hablaron más del caso. No pudo dejarse a Antoine de Beauterne como un mentiroso desde el momento que fue recibido victorioso por la Corte. Luis XV lo premió y su hijo recibió el mando de una compañía de caballeria. Durante diez años el noble exhibió previo pago el cadáver del lobo y aunque hubo algún ataque más, se achacaron a lobos normales.
La falta de víctimas en los meses de octubre y noviembre pareció darle la razón a las autoridades pero en diciembre se renaudaron los ataques a mujeres y niños, que prosiguieron todo el invierno y la primavera.



Los campesinos se habían quedado solos, nobles y soldados se habían retirado. Además, los párrocos no se atrevían a tocar a rebato con las campanas cuando aparecían nuevos cuerpos. La prensa se autocensuraba, se notificaron ataques de lobos en la Auvernia y Limousin, pero ni una sola palabra de Gévaudan; ya eran 100 los fallecidos. Sin jaurías y sin fusiles con los que defenderse, unos se resignaron y empezaron a prepararse para el bien morir; la bestia era invulnerable y acabaría con todos, mientas, otros imploraban a la divinidad. En mayo de 1767 se organizaron ceremonias de expiación: encierros en las parroquias, peregrinaciones y misas solemnes. Parecía que la intercesión a la Virgen María podía ser la única manera para evitar al monstruo. En junio se
Placa homenaje a Jean Chastel.
cumplieron tres años desde su terrorífica aparición y el 19, el marqués de Apcher; al que la retirada de los cortesanos lo había dejado sólo en primera línea contra la fiera, organizó una gran batida con trescientos cazadores y ojeadores. Uno de ellos era Jean Chastel, un campesino de 60 años, cazador furtivo experimentado que había sido encarcelado varias semanas el año anterior por un altercado con los monteros de Beauterne. Jean era un buen conocedor de la región, se apostó en Sognet d'Auvert y esperó rezando letanías marianas creyendo que necesitaría algo más que buena puntería para matar a la fiera. Apareció el ser , montó su arma, apuntó , disparó y la bestia se desplomó sin vida. Algunos autores afirmaron que la bala que lo derribó se fundió con dos medallas de la Virgen y de aquí surgió la creencia popular de que ésa era la forma de matar a un hombre lobo, otros citaban que las balas sólo estaban bendecidas. No parecía un lobo corriente. Su pelaje era rojizo y, aunque era un cánido muy grande, su peso no era excepcional: 110 libras. Presentaba numerosas cicatrices de bala, incluso la de la cuchillada de Marie Vallet. Su muerte se produjo cuando el disparo le rompió las cuatro vertebras superiores. Lo llevaron al castillo de Apcher y se organizaron grandes fiestas. El mismo Chastel embalsamó el cadáver que se envió a París. Allí lo esperaba el mejor naturalista de la época, el sabio Buffon, que esperaba aclarar todos los secretos sobre la criatura. Tenía un especial interés en hacerlo tras sus críticas a Linneo respecto a la existencia del orden de las ferae, las fieras salvajes que para el sueco incluían especies como el murciélago, la foca y el lobo entre otros. Pero el animal se pudrió antes de llegar a la capital y Buffon no quizo realizarle la autopsia. Los restos se enterraron sin demás miramientos y la osamenta se donó al Museo de Ciencias Naturales de París. Los campesinos volvieron a los bosques y landas de Gevaudán sin temor a ser devorados. El terror había sido vencido y el arma del cazador se guardó como una reliquia. Algunos decían que donde cayó el monstruo apenas crece la hierba y a los animales no le gusta pastar ahí.




Posibles hipótesis.
Licaón.
Muy pocos fueron los que vieron a la bestia y en su época; como ya leímos anteriormente, se aventuraron las teorías más contradictorias: un lobo, una hiena, un oso, un híbrido de león y tigre e incluso un hombre lobo. Pero ¿quién mató a esas cien personas?. La importación de especies foráneas era más común de lo que generalmente se ha creido. Huidos o abandonados por sus dueños, estos animales se asilvestraban y en un medio hostil atacaban a la especie más fácil de cazar, el hombre. En España encontramos serpientes y cocodrilos disecados en algunas iglesias. En
Lizarza, un pueblo situado entre Navarra y Guipúzcua fueron cazados leopardos en 1777, 1781 y 1820. En las Vascongadas constan tigres abatidos en Ordicia(1608) y en Idiazábal(1776). ¿Pudo tratarse de una hiena, un licaón, de un oso....?. Su descripción no concuerda con ninguna de estas especies. Algunos han citado a un descendiente de los "lobos- hienas prehistóricos",pero esa hipótesis no se sostiene ¿una mutación quizás?.



Especie extinta de Andrewsarchus Mongoliensis. Lo más parecido a los grabados de la época.

 Otra tesis afirma que se trataba de una confabulación de numerosas personas que cometían sus crímenes detrás de un ser inexistente, aprovechando la histeria y la superstición popular. El guión de la película "el pacto de lobos", donde un gran felino adiestrado por un aristócrata enloquecido resulta literalmente atractiva y más en visperas de una revolución, pero no existe ni una sola prueba que avale la teoría, aunque las tesis más recientes suguieren la posibilidad de un asunto criminal, incluso de psicópatas disfrazados con pieles de lobos. En Francia estba muy arraigada la creencia en el loup-garou, hechizeros que con un cinturón de piel de lobo entregado por Satán, era capaz de convertirse en licántropos o del mismo Romasanta en España, primer paciente al cual se le diagnosticó la enfermedad de la licantropía.

En lo esotérico tambén se han expuesto muchas hipótesis. La más argumentada es la "posesión" u "obsesión" demoníaca. Un demonio alteró el comportamiento del animal para tormento de la humanidad. Hasta hace poco, la Iglesia mantenía exorcismos sobre fieras, plagas y desastres que pudieran denotar alguna acción preternatural en su conducta. En fin, escoga el lector el adjetivo que quiera para el ser que aterrorizó Gévaudan: extraño, demoniaco o fabuloso y saque cada cual sus propias conclusiones.



Bibliografía.
* Historia de la bestia de Gévaudan. Pournel. La primera edición es de 1889.
*Histories étranges quí sont arrivés. G. Lenotre. Tours 1933.
*Animales míticos y monstruosos. Goutel y Verbeek. Círculo de Amigos de la Historia. Madrid. 1975.
*Mil noticias insólitas del país de los vascos. Iñaki Egaña. Ed. Tafalla. 2001
*Número 316 de Historia 16. Artículo de Miguel Rodriguez.
*Los últimos misterios del mundo. Reader's Digest.1999.
















Para cinéfilos.
En octubre de 2001 se estrenó en el Festival de Cine Fantástico de San Sebastián la película El pacto de lobos. Recibió duras críticas por los supuestos entendidos, no por la trama del film, sino porque el actor Mark Dacascos; que interpretaba a un indígena canadiense, repartía patadas a diestro y siniestro. Pues sí, señores críticos cinematográficos, es posible, ya que existe un arte marcial francés denominado savate. Se sabe que marineros del S.XVII, de Marsella, tenían que practicar algunas patadas y estiramientos para mantenerse en buenas condiciones físicas por sus viajes a través del océano. Algunos historiadores especulan que estos marineros fueron influenciados por la relación con algunas artes marciales de Asia durante sus visitas ocasionales a Burma, Tailandia y China. Ciertamente, las peleas callejeras en los callejones de los puertos franceses empezaron a ver patadas a la cabeza, al cuerpo, a las piernas, etc. Los marineros llamaron a esta forma de combate con los pies "Chausson", en referencia al tipo de zapatillas que vestían mientras practicaban estos ejercicios. Señores "puristas cinéfilos", infórmense antes de criticar o pregunten a los historiadores, que para algo estamos.





















3 comentarios:

  1. si ahora me acuerdo , vi la pelicula hace unos años , muy buena historia ... muy bien escrita .ahora ,¿no sería un felino ?,no se digo
    LAB

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vete a saber. Dicen que a algunas víctimas le habían devorado el cuero cabelludo, y eso no lo hace ningún depredador animal, no comen pelo. Es más de fetichistas.

      Eliminar
  2. un animal prehistorico definitivamente. Quizás un hemicyon

    ResponderEliminar