domingo, 21 de septiembre de 2014

El Caballero D'Eon.


Charles-Geneviéve d'Eon; llamado a veces caballero d'Eon, otras caballera d'Eon y finalmente Milady d'Eon, es uno de esos personajes extraños que a veces nos lega el pasado, ya que supo mantener la incógnita sobre su identidad sexual toda su vida y sólo se esclareció cuando estuvo sobre la mesa de la autopsia. Nació en octubre de 1728 en la villa borgoñona de Tonnerre, era vástago de un alto funcionario de Su Majestad y desde un primer momento la indefinición sexual planeó sobre su cuna, debido a que sus padres decidieron añadir a su primer nombre el de su madrina, que se llamaba Geneviéve. Durante sus años infantiles y juveniles nadie pareció dudar del sexo masculino del muchacho, aunque siempre fue de constitución frágil y delicada. Se traslada a París y se licenció en derecho y allí se apasionó por la esgrima, convirtiéndose en un excelente tirador. Eso sí, su interés por las mujeres parecía inexistente en contraste con el de sus compañeros. El joven abogado, ya convertido en un reputado jurista fue escogido por Conti; el responsable del espionaje de Luís XV, para una misión secreta. La situación internacional era complicada y se precisaban informaciones útiles sobre la corte de Rusia. El joven d'Eon, vestido de mujer, viajó a San Petesburgo y logró ganarse la confianza de la zarina Isabel. Su éxito en Rusia se repitió luego en otras cortes europeas, a veces como hombre y otras como mujer. Después fue destinado a la embajada de Londres y el desconcierto escandaloso que produjo en aquella sociedad fue tal que se cruzaban apuestas fabulosas sobre su identidad sexual. En 1774, el soberano envió a Londres al escritor Beaumarchais para esclarecer el enigma y el enviado regresó a París con una confesión del propio caballero declarando ser una dama, hecho que varios dictámenes médicos confirmaban. Como consecuencia, el monarca prohibió en lo sucesivo a la señorita hacerse pasar por un hombre: si era una mujer, que lo fuera para siempre, así los apostadores londinenses perdieron o cobraron sus apuestas. Pero el rey murió, y la que ahora llamaban Caballera d'Eon viajó a París a sus cincuenta años para demandar a su sucesor, Luís XVI, que le permitiera volver a ser un hombre, a lo que éste  se negó. Los siguiente treinta años, hasta su muerte a los ochenta y dos (en 1810), d'Eon continúo viviendo como una vieja dama londinense, acostumbrada ya a su condición. Pero nunca se habían olvidado del todo las historias que la rodeaban, así que, cuando su cadáver llegó a la mesa del cirujano, se dio cita en el acto una cantidad inusual de testigos para presenciar la resolución del enigma. Al retirar el sudario que lo cubría, todos pudieron comprobar que Milady d'Eon siempre había sido, el Caballero d'Eon.








Milady d'Eon enfrentándose a un caballero en singular combate de esgrima en 1787(grabado).




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